Preguntas & respuestas

¿Qué es la Biodecodificación Rizoma?

Desprogramación de los síntomas y los conflictos que incluye el análisis vivencial del árbol genealógico, el encuentro del hilo conductor de la propia historia desde la gestación y la utilización de herramientas simbólicas de cambio como el viaje chamánico, las constelaciones y los actos mágicos.

 ¿Qué se puede Decodificar?

Un dolor, un diagnóstico médico o un síntoma. Un temor, un vínculo roto, un vínculo tóxico, un conflicto emocional, un accidente, un tormento, un obstáculo, un misterio.

¿Cómo?

Buscando los conflictos disparadores de la problemática y luego los programantes: aquellos hechos que en la vida del consultante y durante su gestación fueron haciendo huella en la misma temática (por ejemplo abandono, soledad, abuso) para que en algún momento “explote” afectando el cuerpo o el mundo emocional.

¿Qué herramientas utilizamos?

El consultante responde un vasto cuestionario sobre su historia. Además arma su árbol genealógico. En cuatro o cinco encuentros encontramos el hilo conductor de su historia. Buscamos “dobles karmáticos” en torno a sus ancestros. Hacemos actos simbólicos de reparación, meditaciones chamánicas y constelaciones rizomáticas, donde el consultante configura a su familia y su problemática con objetos, fotos familiares y muñecos. Encontramos entonces su mecanismo y su funcionamiento ante los conflictos y así, reordenamos su sistema y desplegamos sus posibilidades a futuro.

¿Se asemeja a otras técnicas de Biodecodificación?

No, el método es una síntesis inédita, con el objetivo de entrar verdaderamente en contacto con los consultantes, evitando ir sólo desde el discurso. Aprender el lenguaje de la enfermedad propone hablar un nuevo idioma. Desde el método Rizoma, el abordaje se lleva a cabo con portales de información puntuales (la historia, el árbol, las fotos, los objetos, los nombres y la carta natal).

¿Qué es el abordaje transgeneracional?

Es la búsqueda de la lógica de los conflictos que operan nuestra vida a partir del análisis del árbol genealógico. Todo lo que nos pasa en el presente responde a un patrón, un patrón de supervivencia que tiene ciertas particularidades y que afectó a nuestros ancestros tanto como a nosotros. Buscamos la historia de nuestros antecesores para encontrar la lógica de nuestros conflictos.

¿Por qué nos marcan tanto los mandatos familiares?

Porque estamos operados por programas inconscientes. Funcionamos como herederos. No todos los sucesores somos herederos de todo. Algunos funcionamos como "chivos expiatorios", algunos somos la papa caliente o el centro visible del conflicto, quedando los demás exentos de la carga. La repartija no suele ser equitativa. Algunos nos hacemos cargo, porque asumimos la misión de ponerle el nombre propio a la historia de otro (el hijo "fallado", el hijo "rebelde", el hijo "nacido para cuidar a los padres", el hijo "sostén económico"). Algunos escapan a otras latitudes, pero aún así, en algún momento deben hacer el camino de regreso a casa, para saber quiénes son y por qué se han ido realmente. Algunos sólo se conocen intoxicados, otros son eternos negadores. Algunos nombran lo que pasó y otros no nombran nada. Lo que no es nombrado, no existe. Si mamá no nombró su angustia, su desamor, su violencia, tuvimos una infancia supuestamente feliz. Pero nuestro recuerdo dormido vibra empujando una vivencia que no se con-dice con el discurso materno. Cuando somos adultos y no nombramos lo que nos pasa, lo dejamos pasar, lo anulamos. Contrariamente a la casa de mi marido, en mi casa siempre se nombró lo que faltaba. No en términos económicos, sino en términos emocionales. También se nombraba el sacrificio, el cansancio y lo terrible del mundo. A veces la emoción, la nostalgia y el amor en los lazos familiares (lo que no nombraba mamá lo nombraron películas como Como Agua para Chocolate, La casa de los Espíritus, La Lección de Piano, Laberinto, Cumbres Borrascosas, El Nombre de la Rosa, etc). Lo que no se nombró fue el placer. Y el placer parece que no existió.

No hacemos genealogía para buscar LA causa de un conflicto o de una enfermedad, porque LA causa siempre es una maraña de causas indescifrables, complejas y sobre todo sutiles. Buscamos pistas, sincronías, y revelaciones. Encontramos las omisiones, los lugares sin-sentido, y prendemos la luz, justo ahí, a ver qué hay.

¿Solemos repetir historias familiares? ¿Por qué?

Veamos un ejemplo concreto:

Juan (40) hace tres años que tiene un miedo "exacerbado e ilógico" (según él) a perder su trabajo.

Desencadenante:

* Hace tres años comenzó la reducción de personal en su empresa coincidiendo con un el abandono de su novia. Se siente desvalorizado y cree que si no pudo sostener ese vínculo posiblemente no lo vean con condiciones en el trabajo. Además de su pre-historia descubrimos que su padre se suicida a los 37 años por una profunda desvalorización que tiene su raíz en el mundo laboral.

Programantes:

* 24 años. Conflicto de no ser suficientemente bueno cuando no aprueba por tercera vez una materia que debía promocionar para "salvar" el año en la facultad (¿A quién no pudo salvar?)

* 18,5 años (la mitad de la edad del desencadenante). Su madre le pide que se alquile un departamento porque ella se irá a vivir con su pareja.

* 9 años (de nuevo la mitad). "Pierde" en la final de un casting de talentos infantiles.

* 4 años (seguramente la mitad del anterior). Muerte de su padre. "No decidió vivir ni siquiera por tenerme a mí".

* Proyecto sentido. Durante su embarazo los padres esperaban una nena

* Transgeneracional: Es doble de su abuela materna, que inmigró de Europa tras la hambruna de la guerra. Además tiene el mismo nombre que su abuelo paterno, quien fue estafado en su propia empresa y "dejado" en la calle.

¿Cuál es el hilo conductor?

"No me eligen porque no soy suficientemente bueno. No me puedo "salvar"."

¿Esto es algo inevitable? ¿Las cartas ya están echadas? ¿O se puede revertir esto? ¿Cómo?

Se revierte cuando comprendemos la lógica de supervivencia que opera en nuestros conflictos. Todos estamos marcados por una lógica con cuatro pasos relativos a la evolución. La primera es la lógica de supervivencia "debo sobrevivir a toda costa", la segunda es una lógica de protección "debo cuidar a la cría y protegerme por mi manada", la tercera es una lógica de comparación y competencia "valgo si soy el más veloz", y la cuarta una lógica de relaciones "si me falta un vínculo lo tengo que sustituir, si me separo debo buscar a otro que me sostenga el territorio".

Hay otra lógica que podemos adoptar y que se apoya en la física cuántica, y se trata de saber que nos opera el espacio vacío, lo que aún no existe...en la metodología nos conectamos con esa parte abstracta e inconsciente que nos da la clave para adquirir otra lógica diferente a la supervivencia.

¿Cómo nos definen nuestros familiares? ¿Cuánto inciden en nuestra existencia?

Lo que nuestros padres dicen de nosotros nos marca porque vivimos en referencia externa. No aprendimos a vivir en autorreferencia. Lo que no nos dijeron nuestros padres nos marca aún más porque lo percibimos y no le pudimos poner palabras, eso queda en el inconsciente y lucha por salir.

¿Hay una explicación científica para esto?

Las hay variadas y de diferentes corrientes. Nosotros no nos detenemos en ellas porque tenemos la posibilidad de ver en la práctica como suceden estos enlaces. No es cuestión de creer o no.

El biólogo Rupert Sheldrake descubrió que ciertos fenómenos se hacen más probables a medida que ocurren más veces, por lo que el crecimiento biológico estaría guiado por hechos previos. Como resultado, nuevos comportamientos adquiridos serían heredados por generaciones posteriores.

¿Qué tiene que hacer y qué no tiene que hacer una familia para que sus descendientes sean felices?

Lo principal es no guardar secretos, trascender nuestros miedos y vergüenzas y poder contarle la verdad de nuestra historia a nuestros hijos. Además podemos darle un lugar en nuestro corazón a los hijos no nacidos, y finalmente comprender que lo importante no es el contenidos de nuestros conflictos y errores sino la lógica que los opera. En general es una lógica de supervivencia.

¿Se pueden decodificar enfermedades a través del árbol genealógico? ¿Cómo es eso?

La metodología se usa principalmente para enfermedades o conflictos concretos. Toda enfermedad empieza con un suceso puntual, vivido con dramatismo y en soledad. Una sensación que no podemos transmitir con palabras. Ese no suele ser el comienzo de los síntomas, que aparecen generalmente cuando el conflicto se resuelve. Lo que advierte la biodecodificación es la existencia de otros conflictos que "resuenan" con el desencadenante a lo largo de la historia de la persona (y de la pre-historia también). Estos programantes van haciendo huella, son hechos puntuales unidos por una temática. La temática de cada uno es nuestro hilo conductor, el riel donde estallan nuestros conflictos.

El cuerpo es el mapa. Si los síntomas son en las mamas, nos hablan de una historia de conflictos de nido. Si el problema está en los huesos (la estructura básica), seguramente tengamos que buscar historias (y programantes) de desvalorización.

Los programantes empiezan en el transgeneracional, a lo largo de la vida de nuestros ancestros. Cuando en nuestro pasado hubo una situación traumática, de secreto, violencia, traición, exilio, enfermedad o pobreza, el cerebro instala programas de solución para esos conflictos en clave de supervivencia. Por ejemplo, un caso de infertilidad puede deberse a varias muertes perinatales en el árbol genealógico, en este caso la persona puede tener un programa de "no es bueno tener hijos". Es sólo un ejemplo. Decimos que siempre miramos a los elementos excluidos de nuestra historia porque allí está el potencial de sanación.

¿Cómo se desenredan historias y prehistorias para decir “¡basta!”?

Buscando los conflictos disparadores de la problemática y luego los programantes: aquellos hechos que en la vida del consultante y durante su gestación fueron haciendo huella en la misma temática (por ejemplo abandono, soledad, abuso) para que en algún momento “explote” afectando el cuerpo o el mundo emocional. Esto nos entrega la lógica del conflicto principal de la vida de la persona. Encontramos cuál es la estructura de su hacer, de su desear, de su vivir, sobre qué se apoya. No hay que dejar de decir "Basta" porque sí, ni siquiera es necesario dejar de hacer algo, simplemente descubrimos la trama detrás de la trama, y eso me da la perspectiva para ver desde dónde elijo lo que elijo.

¿Qué herramientas utilizamos?

El consultante responde un vasto cuestionario sobre su historia. Además arma su árbol genealógico. El terapeuta abre su carta natal y su revolución solar.

En los cuatro o cinco encuentros encontramos el hilo conductor de su historia. Buscamos “dobles karmáticos” en torno a sus ancestros. Hacemos actos simbólicos de reparación, meditaciones chamánicas y constelaciones rizomáticas, donde el consultante configura a su familia y su problemática con objetos, fotos familiares y muñecos. Encontramos entonces su mecanismo y su funcionamiento ante los conflictos y así, reordenamos su sistema y desplegamos sus posibilidades a futuro.

¿Por qué comparás a la muerte con un caleidoscopio?

Por todas las posibilidades y combinaciones que nos muestra, La muerte habla de nuestra relación con lo misterioso de la vida y de nuestra negación de la realidad tal cual es.

Te cuento un acompañamiento que hice hace un tiempo:
Estoy con Martina esperando su turno para entrar en neonatología. Le dijeron que probablemente hoy, él, va a morir. Por primera y única vez podrá acunarlo. Tendrá unos minutos de mimos hasta que deje de respirar. Veo en sus ojos la ansiedad. Detener el tiempo justo allí, en su abrazo, hasta el nunca más. Me dice que no sabe cómo saldrá de ahí, que una vez que se siente con él no se va a despegar. Puedo escuchar las canciones y las voces bajitas. La siento tocarlo, besarlo, mirarlo. Ella creerá que es imposible despedirlo, pero lo está haciendo. Solo esos diez minutos no piensa en que no tendría que estar pasando, ni en qué pronto se despertará del sueño. En esos minutos no hay tiempo de imaginar lo que no es. Ella se está partiendo mientras él parte. Ni ella ni yo sabemos cómo va hacer, ni cómo va a ser después. No hay cómo pelearse con el asunto. Siento que ella solo pide que él no sufra. Quiere verlo libre. Yo puedo sentir como él se despega, como si fuese un recuerdo propio. No duele. Duele verla a ella sola, eso es lo él no soporta. Toda la vida pasó en un instante. Afuera hace calor, y los negocios siguen abiertos. Ellos no saben. Nadie sabe. Yo le susurro a ella que esté atenta, las señales de hacen presentes y el dolor nos traerá más vida, como siempre. La muerte no se olvida, se atraviesa, como un pasillo angosto e incierto. La muerte no se repara, se suelta.

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